del Rosal, la pelicula
Esta es la mas reciente producción de Antonio del Rosal basada en la vida de Octavio Ferrer, escritor argentino que declaró a cortos días antes de su muerte todas sus memorias como amante de niños. La película esta detenida por razones presupuestarias, aunque la propuesta esta llena de recursos visuales expléndidos. Se rodará en Argentina, Cuba y República Dominicana. La muy criticada fílmica ya empieza a causar revuelos, puesto que tan solo en la publicidad se muestran cuestionables imágenes de los que serian protagonistas de esta cinta: niños. Sin dudas, del Rosal espera la contribución de mucha gente para hacer este rodaje. Se pronostica una trama llena de contingentes sentimentales. El escritor argentino Octavio Ferrer, quien inspira al papel principal de este guión cinematográfico experimenta situaciones desde la infancia que van matizando toda la trama. Un trauma como resultado de una violación sexual dió con el traste de su preferencia en su adultez, y un hombre que se convierte en un importante emblema social en la argentina renovada tiene que vivir sigilosamente sus amores desenfrenados. La historia presenta escenas muy posicionadas a la defensa de los boylovers, pero también critica el desbordamiento del sexo como pronósticos de una sociedad enferma. Los contrastes sentimentales de la literatura de Ferrer se ven en su vida misma. Experiencias que de pronto hacen al lector llorar, con una risa que hiere. Todo eso se espera de la película de Antonio del Rosal. Sin embargo, todavía a 35 min ya grabados, sigue ansiando la inversión de los que quieran apoyar esta fílmica independiente. Quise copiar estos sujetos artículos porque me parece interesante que se aborden temáticas tan incluidas en lo reservado, en un plano tan público como el cine. Es necesario que el director paute normas con respecto a la historia, definiendo sólo lo que quiso el escritor argentino decir, y no remezclando cosas para causar la opinión de la gente. Mientras mas conozcamos la vida de estas personas, mas cerca estaremos de sanear y corregir los males que `preceden a la no contención de los impulsos reprimidos.
|
sábado, 26 de mayo de 2007
Teorias de Freud
Complejo" alude a una cantidad de situaciones emocionales y de relación con otras personas que se entrelazan. La manera en que se entrelazan los afectos de un niño y de una niña entre los 3 y 5 años es llamada por los expertos "Edipo". Dice el mito del cual obtuvo su nombre el famoso complejo, que Edipo se enamoró de su propia madre y mató a su padre. Este mito ilustra tal como lo hizo Sigmund Freud, la complejidad de sentimientos que recaen en los padres y los vínculos familiares en determinada edad del desarrollo. Tanto para el niño como para la niña se entrelazan el amor, el odio, los celos, la rivalidad hacia ambos padres en una búsqueda por encontrar la propia identidad y reasegurarse la existencia como individuos en relación con otros. Este Complejo desempeña un papel fundamental en la estructuración de la personalidad y en la orientación del deseo sexual. El Complejo de Edipo es el "conjunto organizado de deseos amorosos y hostiles que el niño experimenta respecto a sus padres". En su forma llamada positiva, el complejo se presenta como en la historia de Edipo Rey. En su forma negativa, se presenta a la inversa amor hacia el progenitor del mismo sexo y odio y celos hacia el progenitor del sexo opuesto.
El niño se enamora de su madre y abriga deseos de muerte hacia el padre a quien ve como rival y teme ser castigado con la castración por querer que éste desaparezca. La niña se enamora del padre y quiere que la madre se vaya y se considera castigada por no poseer pene. Ambos desean excluir a todos los demás de la relación que tienen con el padre que es objeto de su amor.
Estos deseos de muerte o desaparición del padre del sexo opuesto provocan un profundo sentimiento de culpa. Culpa por haber cometido un crimen que no ocurrió y que biológicamente es imposible de realizar. Esta culpa inconsciente y la prohibición del incesto hacen que el individuo desplace su iniciativa y curiosidad hacia ideales deseables y metas prácticas e inmediatas, hacia la realización de cosas. Así se olvida el Complejo de Edipo.
La relación de los padres como pareja es importantísima para que los niños puedan superar con éxito la fase de Edipo o de Electra.
Cuando existen peleas u hostilidades sostenidas -ya sean "abiertas" o "disimuladas"-, el niño abrigará durante más tiempo y con más seriedad la esperanza de que pueda sustituir al rival y convertirse en la mujercita de papá o el pequeño amante de mamá. Esta situación no es nada sana para los pequeños y puede conducir, en el peor de los casos, a dificultades en su trato con el sexo opuesto.
En ellos, el fenómeno se llama complejo de Edipo, en ellas, complejo de Electra, ambos personajes figuras de la mitología griega a las que les pasó algo parecido. Pero los nombres son lo de menos. Lo que importa en esta etapa es que los padres comprendan a sus hijos y les ayuden a transformarse en personas psíquicamente adultas.
PARA EL NIÑO
Entre los tres y cinco años, los pequeños varones atraviesan una fase de romántico enamoramiento de la madre. Y empiezan a ver a su padre como un rival. Habrá vencido con éxito esta fase cuando la rivalidad se convierta en identificación: el pequeño ya no compite sino que se alía con su padre.
MANIFESTACION Y CARACTERISTICAS DEL EDIPO
Desde hace unas semanas, Santiago siente auténtica pasión por su madre. A cada rato le recuerda lo linda, buena e inteligente que es; la observa embelesado durante horas, no hay peor castigo para él que tener que separarse de ella y se pone furioso cuando presencia algún arrumaco entre sus padres. ¿Qué mosca le ha picado al niño? ¿Por qué se ha "enamorado" tanto de repente? Es lo que los psicólogos llaman "Complejo de Edipo", una fase por la que pasan todos los chicos de forma más o menos acusada.
El niño de tres años ya ha comprendido que existen diferencias entre los sexos, y nota que sus padres están unidos por lazos afectivos. También se da cuenta de que la relación entre su padre y su madre es distinta a la que él tiene con ellos. Esto es lo que hace que surjan celos y que el amor hacia su madre, hasta entonces muy infantil y caracterizado por la dependencia, adquiera ahora esos matices de apasionamiento y romanticismo.
Las señales de que el niño está pasando por esta fase de Edipo no son siempre tan claras como en el caso de Santiago, pero siempre se traslucen de alguna forma. Algunos niños simplemente se muestran un poco ariscos con el padre, prefiriendo que la madre les bañe o les lea el "cuento de las buenas noches".
Otros revelan sus celos a través de alguna frase que los padres luego cuentan como un gracia, sin darse cuenta del significado que tiene en realidad.
Así, contaba una madre que cuando paseaba con su marido de la mano, su hijo se les acercó corriendo por detrás, les separó las manos y gritó triunfante: "¡He roto vuestro amor!". Tampoco es raro que el niño anuncie que se casará con su madre cuando sea mayor. Sus sentimientos son tan profundos, que no deben tomarse con una simple sonrisa benévola. El romance materno constituye una parte fundamental en el desarrollo del niño; su madre es la primera mujer de su vida y el padre su primer rival. Este primer enamoramiento marcará en gran medida su futura relación con el otro sexo. Tampoco la rivalidad con el padre debe tomarse a la ligera. Se trata de sentimientos terriblemente contradictorios que le crean más de una dificultad: por un lado, sigue queriendo y necesitando a su padre y, por otro, está celoso de él y le odia como rival. Y lo peor del caso, es que con frecuencia el pequeño piensa que su padre lo ve a él también como rival, y que su ira puede descender en forma de terribles castigos.
Esta conclusión emocional suele traducirse en pesadillas. Los niños entre tres y cinco años sueñan muchas veces con monstruos y bestias salvajes -que representan al padre- que se abalanzan sobre ellos y quieren destruirlos. Si la situación familiar es normal y los padres se toman en serio estas contradicciones emocionales, el pequeño poco a poco se dará cuenta de que sus fantasías de suplantar al padre nunca llegarán a convertirse en realidad.
Aunque estos sueños románticos vuelvan intermitentemente durante toda esta fase, que concluye entre los cinco y seis años, cada vez serán menos intensos, menos duraderos y también menos problemáticos para él. Y una vez que haya desistido de su propósito, aplicará aquella antigua sabiduría de "si no puedes vencer a tu adversario, ¡únete a él!". Como no puede convertirse en el marido de su madre, se conformará con ser como él. La antigua rivalidad se transformará en identificación con el propio sexo. Tanto es así que a partir de los seis años es posible que la celosa sea la madre.
CÓMO TRATAR A UN NIÑO EN PLENA CRISIS
La madre no debe mostrarse más cariñosa que de costumbre; sí acaso, un poco más comprensiva. El padre ha de evitar autoritarismos que dificultarían el deseo de identificación del chico. Padre y madre deben seguir tan afectivos y unidos como siempre. Si, por seguirle el juego, suprimen las muestras de cariño, el niño podría verse atormentado por la idea de que se han dejado de querer por su culpa. Aunque inconscientemente ése sea su deseo, no es ni mucho menos lo que pretende. ¡Pero tampoco hay que provocarle gratuitamente! La mejor ayuda es la paciencia, la comprensión y el necesario consuelo cuando sus contradicciones le hagan sufrir.
PARA LA NIÑA Igual que los niños varones pasan una fase en la que se enamoran de mamá, las niñas viven una época en la que están locas por papá. En ellas, a esta fase los psicólogos la denominan "Complejo de Electra"
MANIFESTACION Y CARACTERISTICAS DEL ELECTRA
Para la niña, el proceso es un poco más complicado que en el caso de los varones. También ella dirige sus primeros sentimientos de amor hacia la madre, pero al hacerse mayor debe transferirlos al padre, una persona del sexo opuesto. En este proceso le ayuda el hecho de que su creciente trato con otras personas -por ejemplo en el jardín de infantes- le hace sentirse un ser distinto a la madre: una pequeña mujercita enamorada que hace todo lo posible para atraer la atención de su objeto de amor.
A todos los papás se les cae la baba al ver a su pequeña hija tan coqueta y femenina. Y también las madres suelen mostrarse contentas, pensando que la niña se está esforzando en parecerse a ella. Por lo general, ninguno de los dos padres se da cuenta de que en realidad está tratando de mostrar al padre que ella, la hija, sería una esposa muchísimo mejor que la madre. Esta especie de inocencia de los padres es explicable, ya que el romance de la niña con el padre suele ser menos visible que el del niño con la madre, primordialmente, porque el objeto de amor del pequeño varón está mucho más al alcance que el de la niña.
En nuestra sociedad actual, la mayoría de las madres pasan más tiempo en casa que los padres, de manera que la niña tiene que vivir sus sentimientos románticos hacia el padre más en la fantasía que en la realidad. La rivalidad con la madre hace que la pequeña se sienta mal. Mamá es la que la cuida y se ocupa de ella. ¡Qué horrible que a pesar de ello desee tantas veces que se marche, que se vaya muy lejos, para dejarla a solas con su amado papá! Se imagina que la madre conoce estos sentimientos ocultos y la va a castigar por ellos.
Estos temores se expresan a menudo en pesadillas en las que la niña se ve perseguida por brujas. En una familia normal, la niña aprende con el tiempo que papá pertenece a mamá y ella no puede tenerlo. Poco a poco renuncia a sus sentimientos románticos hacia el padre y los dirige a otra -aún nebulosa- figura masculina: el hombre con quien se casará algún día. Al mismo tiempo comienza a identificarse con la madre, que le da el ejemplo de la mujer que ella será cuando sea mayor.
CÓMO TRATAR A UNA NIÑA EN PLENA CRISIS
Los padres ayudan a su hija en este proceso tomando sus sentimientos en serio, sin burlas ni reprimendas, pero dejando claro que los que forman una pareja son ellos y que el amor entre padres e hijos, ciertamente muy grande, es otra cosa.
El complejo de Edipo revela cada vez más su significación como fenómeno central del período sexual de la primera infancia. Después cae sepultado, sucumbe a la represión, y es seguido al período de latencia a raiz que se va a pique {al fundamento}. A raíz de las dolorosas desilusiones acontecidas. Destacando el carácter de tales experiencias penosas, antogónicas al contenido del complejo. La falta a la satisfacción esperada, la continua denegación del hijo deseado, por fuerza determinaran que los pequeños enamorados se extrañen de su inclinación sin esperanzas. El complejo de Edipo se iría al fundamento a raíz de su fracaso, como resultado de su imposibilidad interna.
Otra concepción dirá que el comlejo de Edipo tiene que caer porque ha llegado el tiempo de su disolución. Es verdad que el comlejo de Edipo es vivenciado de manera enteramente individual por la mayoría de los humanos, pero es también un fenómeno determinado por la herencia, dispuesto por ella que tiene que desvanecerse de acuendo con el programa cuando se inicia la parte evolutiva siguiente, predeterminada. No puede negarse el derecho que asiste a ambas concepciones, pues las dos lo tienen. Pero además son compatibles entre si; queda espacio para la ontogenética junto a la filogenética, de miras mas bastas. Tambien el individuo íntegro, por su macimiento, ya esta destinado a morir; y acaso ya su disposición orgánica contiene el indicio de aquello por lo cual morirá.
Esta fase fálica, contemporanea a la del complejo de Edipo, no prosigue su desarrollo hasta la organización genital definitiva, sino que se unde y es relevada por el período de latencia. Su desenlace se consuma de manera típica y apuntalándose en sucesos que retornana de manera regular.
Cuando el niño(varón) ha volcado su interés a los genitales, lo deja traslucir por su vasta ocupación manual en ellos, y después tiene que hacer la experiencia de que los adultos no estan de acuerdo con ese obrar. Más o menos clara, más o menos brutal, sobreviene la amenaza que se le arrebatará esta parte tan estimada por él. La mayoría de las veces, la amenaza de castración proviene de las mujeres. Las mujeres mismas a una mitigación simbólica de la amenaza, pues no anuncian la eliminación de los genitales, en verdad pasivos, sino de la mano activamente pecaminosa.
Al varoncito no se lo amenaza con la castración por jugar con la mano en el pene, sino por mojar todas las noches su cama y no habituarse a la limpieza. La persistencia en mojarse en la cama ha de equipararse a la polución del adulto: una expresión de la misma excitación genital que en esa época ha forzado al niño a la masturbación.
La tesis es que la organización genital fálica del niño se va al fundamento a raíz de esta amenaza de castración. El psicoanálisis a atribuido renovado valor a dos clases de experiencias de que ningún niño esta exento y por las cuales debería estar preparado para la pérdida de parte muy apreciadas de su cuerpo: el retiro del pecho materno, primero temporario y definitivo después, y la separación del contenido de los intestinos, diariamente exigido.
Solo tras hacer una nueva experiencia empieza el niño a contar con la posibilidad de una castración, y aún entonces con vacilaciones, a disgusto y no sin empeñarse en reducir el alcance de su propia observación. La observación que por fin quiebra la incredulidad del niño es la de los genitales femeninos. Llega a ver la región genital de una niñita, y no puede menos que convencerse de la falta de un pene en un ser tan semejante a él. Pero con ello se ha vuelto representable la pérdida del propio pene, y la amenaza de castración btiene su efecto con posterioriad.
La vida sexual del niño en esa época en modo alguno se agota en la masturbación. Se la puede pesquisar en la actitud edípica hacia sus progenitores; las masturbación es solo la descarga genital de la exitación sexual perteneciente al complejo, y a esta referencia deberá su significatividad para todas las épocas posteriores. El complejo de Edipo ofrecía al niño dos posibilidades de sastifacción, una activa y una pasiva.
La acepatación de la posibilidad de la castración, la intelección de que la mujer es castrada, puso fin a las dos posibilidades de satisfacción derivadas del complejo de Edipo. En efecto ambas conllevan la pérdida del pene; una, la masculina, en calidad de castigo, y la otra, la femenina, como premisa. Si la satisfacción amorosa en el terreno del complejo de Edipo debe costar el pene, entonces por fuerza estallará el conflicto entre el interés narcisista en esta parte del cuerpo y la investidura libidinosa de los objetos parentales. En este conflicto triunfa normalmente el primero de esos poderes; el yo del niño se extraña del complejo de Edipo.
Represión: al extrañamiento del yo respecto del complejo de Edipo, si bien las represiopnes posteriores son llevadas a cabo la mayoría de las veces con participación del superyo, que aquí recien se forma. Pero el porceso descripto es más que una represión; equivale, a una destrucción y cancelación del complejo. Cabe suponer que hemos tropezado aquí con la frontera, nunca muy tajante, entre lo normal y lo patológico. Si el yo no ha logrado efectivamente mucho más que una represión de complejo, este subsistirá inconciente en el ello y más tarde exteriorizara su efecto patógeno. Tales son los nexos que la observación analítica permite discernir o coleghir entre organización fálica, complejo de Edipo, amenaza de castración, formación del superyo y período de latencia.
Tambien el sexo femenino desarrolla el complejo de Edipo, un superyo y un período de latencia. El clítoris de la niñita en un comienzo se comporta en un todo como un pene, pero ella, por la compración con un compañerito de juegos, percibe que es demasiado corto y siente este hecho como un perjuicio y una razon de inferioridad. Duante un tiempo se consuela con la expectativa de uqe después, cuando crezca, ella tendrá un apéndice tan grande como el del muchacho. Punto donde se bisfurca el complejo de masculinidad de la mujer. Pero la niña no comprende su falta actual como un carácter sexual, sino que lo explica mediante el supuesto de que una vez poseyó un miembro igualmente grande, y después lo perdió por castración. No parece extender esta inferencia de sí misma a otras mujeres, exactamente en el sentido de la fase fálica, un genital grande y completo, vale decir, masculino. La niñita acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el varoncito tiene miedo a la posibilidad de su consumación.
Mucho más que el varón, estas alteraciones parcen ser resultado de la educación, del amedrentamiento externo, que amenaza con la pérdida de ser-amado. El complejo de Edipo de la niñita en mucho más unívoco que el del pequeño portador del pene, es raro que vaya más allá de la sustitución de la madre y de la actitud femenina hacia el padre. La muchacha se desliza a lo largo de una ecuación simbólica del pene al hijo; parirle un hijo.
El complejo de Edipo es abandonado después poco a poco porque este deseo no se cumple nunca. Ambos deseos, el de poseer un pene y el de recibir un hijo, permanecen en lo inconciente, donde se conservan con fuerte investidura y contribuyen a preparar al ser femenino para su posterior papel sexual.
Nuestras intelecciones de estos procesos de desarrollo que se cumplen en la niña son insatisfactorios, lagunosas y vagas. Los vínculos causales y temporales aquí descritos entre complejo de Edipo, amedrentamiento sexual ( amenaza de castación), formación del superyo e introducción del períodod de latencia son variaciones en la secuencia temporal y en el encadenamiento de estos procesos no pueden menos que revestir considerable importancia para el desarrollo del individuo.
!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!-->!--fin>!--FIN>


